¿Qué tan bueno es ser “amigos” de nuestros hijos?

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Algunos padres de familia están convencidos de que más que una autoridad, deben ser una amistad para los hijos.

Por supuesto que debe existir una relación de confianza con los hijos para que puedan tener confianza de consultar cómo resolver sus problemas y para pasar momentos divertidos en familia, pero de lo que aquí hablamos es de los padres que sostienen una amistad complaciente de los caprichos de sus hijos y cómplice de sus fechorías. 

Estamos hablando de los padres que toleran que sus hijos adolescentes lleguen en la madrugada en estado de ebriedad, que les compran preservativos “por si acaso”. Son padres de familia tolerantes y a veces promotores de que sus hijos sobornen a las autoridades, padres que confrontan a profesores porque “perjudican” a sus hijos con una baja calificación. 

El gran problema de esta supuesta “amistad” entre padres e hijos, es que los hijos crecen con muy bajo sentido de responsabilidad, pues conocen muy pocas reglas y demasiada permisividad. En general, los hijos de padres-amigos no reconocen autoridades y piensan que todo les es permitido.

Los padres “amigos” no pueden disciplinar a sus hijos porque no representan una firme autoridad, por eso, cuando requieren un enérgico correctivo no hay quien lo haga. 

¿Qué nos hace pensar que nuestros hijos necesitan que seamos sus amigos? En realidad nuestros hijos no necesitan que seamos sus amigos, ellos ya tienen muchos amigos de su edad. Nuestros hijos necesitan padres valientes y responsables, que pongan reglas y luego estén ahí para ver que se cumplan.

Nunca, nadie podrá hacer que nuestros hijos regresen a casa a tiempo y a salvo, si nosotros no podemos hacerlo. No existe ley, ni horario, ni funcionario capaz de hacer por nuestros hijos, lo que nosotros no queremos hacer.

Puede doler oír de ellos “Es que mis amigos te tienen miedo, papá”, ¡Pero no importa! No estamos en campaña de elecciones para ser el papá más popular del año, ya cada quién tiene el padre que le tocó y sería estúpido poner en peligro la seguridad de nuestros hijos por quedar bien con sus amigos.

Es terriblemente injusto, además, que estén en peligro jóvenes que sí tienen reglas en su casa, que saben que al llegar, estarán esperándolos sus padres, desvelados pero contentos de saber que se divirtieron sanamente y orgullosos de comprobar que van madurando y que actúan de acuerdo a lo que se les está tratando de inculcar: Libertad con Responsabilidad.

Es horrible oír de muertes de muchachos así, que han tenido la desgracia de toparse con esos otros jóvenes, hijos “huérfanos” de padres “buena onda”.

No estaría mal ganarnos el respeto de nuestros hijos, tomando las riendas de su vida, haciéndonos responsables de su hora de llegada, de lo que toman, de sus calificaciones, haciéndoles saber lo que esperamos de ellos y creando los medios para ayudarles en su lucha para conseguirlo.

Pongamos los pies en la tierra, seamos conscientes de que los jóvenes lo único que necesitan es que actuemos como padres

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