Si has tenido una discusión con tu esposa, y esa discusión ha provocado ira, por ningún motivo permitas que acabe el día con ese sentimiento. Uno de los dos debe poner fin a esa contrariedad antes que caiga la noche, de lo contrato, dormir con rabia alimentará el rencor y con él, se alimenta la posibilidad de destruir el matrimonio, dañando así el corazón de ambos y la felicidad de sus hijos.

Dormir enojado hará que el sueño y la noche alimenten sentimientos muy negativos contra tu cónyuge

Si te vas a dormir con rabia, será imposible borrar de tu mente las imágenes desagradables de la discusión y tu mente trabajará inconscientemente para eliminar los peligros acudiendo al divorcio como solución práctica. Dormir enojado hará que el sueño y la noche alimenten sentimientos muy negativos contra tu cónyuge, la rabia se recrudece, y quizá hasta le agreguen elementos del pasado para hacer que tu pareja se fije en tu mente como un ser malvado con el que no es bueno convivir.

No dejen que el sol se ponga estando aún enojados

A eso se refería Pablo de Tarso cuando en su carta a los Efesios 4:26-27 les decía «Si se enojan, no pequen. No dejen que el sol se ponga estando aún enojados, ni den cabida al diablo». Y es que en verdad, tener sentimientos contra el cónyuge es como vivir en el infierno: sufres y quieres sufrir más, tu cónyuge sufre y deseas que sufra más.

Pero si ves las cosas en perspectiva, te puedes dar cuenta que ni siquiera es un asunto grave, muchas veces después de un tiempo te das cuenta que ni siquiera recuerdas cuál es el motivo por el que estás tan enojado. Por eso la reconciliación en la pareja sólo requiere de dos cosas: que valores la riqueza del matrimonio y que tomes la decisión de reconciliarte. Convencer a tu cónyuge de que es mejor hacer las paces muchas veces no es tan difícil. Lo importante es que comprendas lo valioso que es un matrimonio en armonía y que tomes la decisión de dejar el enojo en el pasado.

Por eso, si le das solución al problema antes de dormir, aunque sea en forma parcial, o al menos dejas abierta la puerta para una solución, tu mente trabajará en esa posible solución. Sin embargo, es posible que esa decisión que has tomado de superar el conflicto, no la comparta tu cónyuge; en ese caso tendrás la difícil pero no imposible tarea de convencerle de que es mejor tener un matrimonio feliz y no una relación sufrida y tóxica que sólo hará sufrir a ambos.

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