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Del “sí, acepto” al “¿cómo estamos?”

Hay preguntas que sostienen una relación: “¿Cómo te fue?”, “¿Qué te preocupa?”, “¿En qué puedo ayudarte?”. Sin embargo, entre el trabajo, los traslados, las cuentas y las responsabilidades familiares, estas palabras pueden quedar desplazadas por otras más urgentes: “¿Ya pagaste?”, “¿Quién recoge a los niños?”, “¿Qué falta comprar?”. El hogar sigue funcionando, pero hace falta preguntarse cómo están quienes lo sostienen.

Para los matrimonios de hoy en México, cuidar el vínculo requiere reconocer las condiciones concretas en las que se vive. El amor necesita expresarse también en tiempo, escucha y responsabilidades compartidas.

Mirar la realidad con esperanza

Según la Estadística de Divorcios del INEGI, durante 2025 se registraron 155,254 divorcios en México, equivalentes a 31.6 por cada 100 matrimonios celebrados ese año. Esta relación compara dos acontecimientos registrados en un mismo periodo aunque no significa que ese porcentaje de las parejas recién casadas terminará divorciándose.

Las cifras permiten dimensionar una realidad social, pero no explican por sí solas la historia de cada separación. Detrás de ellas hay personas, decisiones y circunstancias que merecen respeto.

Prepararse para la boda es valioso y hermoso, pero también es importante aprender a vivir juntos, atravesar los cambios y saber cuándo pedir ayuda.

El cansancio también necesita ser escuchado

Una reflexión sobre el matrimonio actual debe mirar cómo se distribuye el trabajo cotidiano. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024 encontró que, en México, las mujeres dedicaron en promedio 39.7 horas semanales al trabajo no remunerado doméstico, de cuidados y voluntario, mientras que los hombres destinaron 18.2 horas.

La diferencia entre hombres y mujeres que dedican tiempo a las labores domésticas fue de 21.5 horas por semana. Estos resultados corresponden a la población de 12 años y más, por lo que describen un contexto social y no exclusivamente a las parejas casadas, sin embargo da una idea muy cercana a la realidad en los matrimonios.

Esta desigualdad invita a una reflexión dentro del hogar: ¿ambos tenemos posibilidades de descansar?, ¿reconocemos lo que hace el otro?, ¿quién recuerda las citas médicas, organiza las compras o está pendiente de las necesidades familiares?

No podemos deducir de estos datos una causa directa del divorcio. Sí podemos reconocer la necesidad de hacer visible el esfuerzo cotidiano y construir acuerdos más justos.

El amor toma una forma concreta cuando los esposos asumen una responsabilidad sin esperar a que se la pidan o se la recuerden; cuando ambos revisan sus cargas y procuran que el descanso también sea compartido. La corresponsabilidad es una manera de cuidar a la persona con la que se ha elegido caminar.

Recuperar el diálogo

El diálogo es un un camino para madurar el amor matrimonial y familiar. Dedicar tiempo a escuchar con paciencia y atención, permitiendo que el otro exprese lo que necesita comunicar es un amanera como los cónyuges van perfeccionando su matrimonio. Esta manera de vivir el matrimonio refuerza la relación en una vida cotidiana llena de interrupciones

Podemos comenzar con un espacio breve y habitual, dejando el teléfono a un lado y haciendo una pregunta que permita ir más allá de los pendientes: “¿Cómo te has sentido con nuestra vida últimamente?”.

Escuchar exige resistir la tentación de defenderse de inmediato o de ofrecer soluciones antes de comprender. A veces, quien habla necesita primero sentirse reconocido: “Entiendo que estás cansado”, “No había visto cuánto te preocupa”, “Gracias por decírmelo”.

Acompañar antes de que llegue el límite

Cuando la relación matrimonial se sale de control. pedir ayuda puede contribuir cuidar la relación con mayor responsabilidad. Si a uno de los cónyuges no comprende la importancia de reforzar la relación y por el contrario realiza acciones que ponen en riesgo a su pareja, es imprescindible priorizar la integridad de la víctima. La reconciliación no debe utilizarse para exigir que alguien permanezca en peligro.

Pero si tu matrimonio se encuentra aún en términos saludables, hay tres acciones sencillas para reforzar la relación: conversar sin pantallas, revisar una responsabilidad que esté distribuida de manera injusta y, si es un matrimonio de fe, expresar un agradecimiento concreto. Si ambos lo desean, pueden cerrar ese encuentro con una oración, poniendo ante Dios sus preocupaciones y sus acuerdos.

El “sí, acepto” abre un camino que necesita cuidado a lo largo de los años. Preguntar “¿cómo estamos?” permite detenerse, reconocer lo que duele y descubrir lo que todavía podemos construir juntos. En esa disposición a escucharse y cuidarse, el compromiso matrimonial encuentra una expresión diaria y esperanzadora.

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