Su hijo llega de la escuela, saca el celular y en unos segundos encuentra una explicación de matemáticas, un resumen de historia o una idea para hacer su tarea. Ya no buscó en un libro ni pasó varios minutos navegando por internet. Simplemente le preguntó a una inteligencia artificial.
Aunque todavía no existen estudios que nos digan con precisión cómo usan estas herramientas los adolescentes mexicanos, sí contamos con investigaciones realizadas en otros países que nos ayudan a entender lo que probablemente está ocurriendo.
Un estudio del Pew Research Center, realizado entre adolescentes de Estados Unidos, encontró que casi dos de cada tres ya utilizan inteligencia artificial. La mayoría la usa para hacer tareas, buscar información o entender mejor un tema de la escuela.
No podemos asegurar que en México ocurra exactamente lo mismo. Nuestra realidad es distinta y hacen falta estudios nacionales. Sin embargo, como los mismos programas están disponibles aquí y cada vez más jóvenes tienen acceso a ellos desde su teléfono, es muy probable que también formen parte de la vida diaria de muchos estudiantes mexicanos.
Y eso nos lleva a una pregunta importante: ¿La inteligencia artificial está ayudando a nuestros hijos a aprender… o está haciendo el trabajo por ellos? La respuesta depende menos de la tecnología y más de la manera en que se utiliza.
Si un adolescente le pide a la inteligencia artificial que le explique un tema que no entendió en clase, que le ayude a practicar inglés o que le sugiera cómo organizar un trabajo escolar, probablemente la esté usando como una buena herramienta.
Pero si simplemente copia la respuesta, la entrega como si fuera suya y nunca intenta comprenderla, entonces deja de aprender. La tarea queda hecha, pero el conocimiento no.
Por eso, el mayor riesgo no parece ser que los jóvenes usen inteligencia artificial. El verdadero riesgo sería que dejen de pensar por sí mismos.
¿Qué pueden hacer los padres? Lo primero es interesarse, no alarmarse. En lugar de preguntar únicamente: “¿Estás usando inteligencia artificial?”, quizá sea mejor conversar con preguntas sencillas: “¿Para qué la usaste hoy?”, “¿Te ayudó a entender el tema o sólo te dio la respuesta?”, “¿Cómo sabes que esa información es correcta?”. Muchas veces esa conversación enseña más que prohibir usar la inteligencia artificial.
También es importante dejar claras algunas reglas en casa. La inteligencia artificial puede servir para estudiar, practicar, investigar o mejorar la redacción de un trabajo. Lo que no debería hacer es sustituir el esfuerzo, la honestidad o la responsabilidad de aprender.
Hay otro aspecto que merece atención. Estas herramientas cada vez parecen conversar de una manera más natural. Algunos adolescentes incluso pueden buscar en ellas consejos sobre problemas personales, amistades o preocupaciones.
En esos casos conviene recordarles algo muy sencillo: una inteligencia artificial puede ofrecer información, pero nunca podrá reemplazar una conversación con sus padres, con un maestro de confianza o con una persona que realmente los conoce y los quiere.
Para los jóvenes también hay un reto. La inteligencia artificial puede convertirse en un gran maestro, pero también se puede convertir en una mala costumbre. Todo depende de cómo la usen.
Si la aprovechan para aprender cosas nuevas, desarrollar habilidades y despertar su curiosidad, estarán sacándole un enorme provecho. Pero si la utilizan para evitar pensar, leer o esforzarse, con el tiempo terminarán sabiendo menos, aunque entreguen mejores tareas.
Cada generación ha tenido su propia revolución tecnológica. Antes fueron la televisión, internet y los teléfonos inteligentes. Ahora es la inteligencia artificial.
Lo importante no será impedir que nuestros hijos la utilicen. Lo verdaderamente importante será enseñarles que ninguna tecnología puede reemplazar algo que sigue siendo indispensable para cualquier persona: pensar, hacer preguntas, verificar la información y tomar buenas decisiones.
