jueves, abril 3, 2025
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¿Discutimos frente a los niños? Una reflexión sincera sobre algo que nos pasa a todos

Hoy quiero que tengamos una conversación íntima, de esas que se dan entre amigos que se preocupan por lo que pasa en casa, entre mamá, papá y los chicos. Porque, seamos honestos… ¿quién no ha tenido una discusión alguna vez frente a los hijos?

A veces la vida nos pasa por encima. El cansancio, el estrés, los desacuerdos normales en la pareja… y, sin darnos cuenta, terminamos alzando la voz justo cuando unas orejitas pequeñas están escuchando más de lo que pensamos.

Pero hoy no estamos aquí para juzgarnos ni sentirnos mal. Estamos para reflexionar juntos y entender por qué es tan importante cuidar cómo discutimos —no si discutimos, porque eso es natural—, sino cómo lo hacemos, sobre todo cuando hay niños cerca.

¿Qué sienten nuestros hijos cuando nos ven discutir?

Ponte un momento en los zapatos de tus hijos pequeños. Imagina que eres ese pequeñín viendo que quienes son tu seguridad, tu refugio y tu todo, de pronto están molestos, discutiendo, quizás gritando. Para un niño, eso puede ser muy desconcertante. No entienden los detalles del problema, pero sienten el ambiente cargado, los gestos tensos, el tono de voz alterado… y eso les sacude por dentro.

Muchos niños sienten ansiedad o inseguridad. Algunos incluso llegan a pensar que la pelea es culpa suya. Otros aprenden —sin querer— que discutir es gritar, insultar, herir. Y luego, ¿cómo van a manejar sus propios conflictos en la escuela, con amigos o cuando ellos formen su propia familia?

No es que no se pueda discutir, es que hay formas de hacerlo

Una discusión no tiene por qué ser algo negativo si se maneja con respeto. De hecho, puede ser una oportunidad de oro para enseñarles a nuestros hijos cómo se resuelven las diferencias con amor y madurez. ¿Te imaginas qué poderoso sería eso?

Ahora, claro, hay ciertos límites que sí debemos cuidar:

• Si hay gritos o insultos, ya no es una conversación: es una pelea.

• Si los niños se asustan o sienten que tienen que tomar partido, el daño emocional es real.

• Si discutimos siempre por lo mismo, sin solución, ellos también lo notan y se sienten inseguros.

• Si usamos palabras duras, aunque no se las digamos a ellos, las absorben como esponjas.

Entonces, ¿cómo podemos discutir de forma saludable?

Te dejo aquí algunas ideas que nos han ayudado a muchos:

1. Respira antes de hablar. Sí, aunque suene simple. Una pausa puede cambiar todo el tono de una conversación.

2. Hablen con respeto. Incluso cuando estén en desacuerdo, usen palabras amables. Eso enseña muchísimo.

3. No todo tema es para tratarlo frente a ellos. Hay conversaciones (dinero, intimidad, decisiones delicadas) que merecen privacidad.

4. Si se equivocaron, háblenlo con ellos. Un “perdón, hoy mamá y papá estaban estresados, pero nos queremos mucho” tiene un impacto enorme.

5. Sean ejemplo. Si los niños ven que ustedes resuelven sus diferencias hablando, buscando acuerdos, pidiendo disculpas… están sembrando algo hermoso.

En resumen…

La unidad familiar no se trata de no tener conflictos, sino de cómo los atravesamos juntos. Los hijos no necesitan padres perfectos, pero sí padres presentes, conscientes y dispuestos a aprender con ellos.

Así que la próxima vez que sientas que una discusión está por empezar, recuerda: estás enseñando con cada palabra, con cada gesto, con cada elección. Y eso, créeme, vale más que mil discursos.

Gracias por leer hasta aquí. Si este tema te tocó el corazón o te hizo pensar en algo que te pasa en casa, te invito a que lo hables con tu pareja, con calma, sin culpas. Porque todos podemos crecer y mejorar, y más aún, cuando lo hacemos por los que más amamos.

Con cariño,

Una consejera que también es mamá, esposa… y humana.

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