¿Se debe ser fiel en el noviazgo?

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Suena extraño asociar la palabra fidelidad al noviazgo pues una característica del noviazgo es la posibilidad de cambio, es decir, rectificar una elección no acertada, rompiendo las relaciones, aunque a veces no sea sencillo. 

Sé que enunciar la palabra noviazgo implica una toma de posición, pues hay quien se resiste a dar status propio al noviazgo mismo. Por eso se debe aclarar este punto.

Si lo que se rechaza del noviazgo es un conjunto de convencionalismos sociales pasados de moda, habría que examinar lo que se entiende por convencionalismos. 

Entiendo la resistencia intima que algunos chicos pueden sentir a reconocerse en la palabra “novios”, por la carga formalista con que a sus ojos aparece ese nombre.

Pero no es sensato pretender abolir lo que constituye la esencia del noviazgo, como el tiempo que precede al posible matrimonio y con vistas precisamente a ese matrimonio.

En este sentido, es evidente que no puede designarse con la palabra noviazgo cualquier enamoramiento adolescente o adulto, aunque revista ciertas características de estabilidad y exclusividad. 

Fundamentalmente, el noviazgo implica una intención hacia el futuro, que por el sentido de responsabilidad que debe llevar implícito, por el compromiso más o menos expreso que encierra, y, por sus otros caracteres específicos supera y trasciende la simple relación entre el boy-friend y la girl-friend.

Compromiso

Estamos hablando de intención hacia el futuro, por lo que interesa resaltar el aspecto de fidelidad a un compromiso en esa voluntaria atadura. Quizá por este hecho, tenga hoy tan pocas simpatías el noviazgo serio, pero quien vea el deber como una falta de libertad, quien no sepa renunciar a determinadas posibilidades por amor, quien no quiera que nada ni nadie le coarte, quien no se decida a aceptar ese necesario condicionamiento, se descalifica automáticamente incluso para el matrimonio.

No hablo necesariamente de un compromiso jurídico o formal, como es el de los antiguos esponsales o el de la llamada petición de mano. Me estoy refiriendo a un compromiso íntimo, quizá sin ninguna manifestación formal, pero no por eso carente de fuerza. 

Se trata de conseguir un equilibrio que difícilmente puede existir o concebirse, si falta amor y sentido de responsabilidad. 

Entender el noviazgo como pasar el tiempo, como un modo de entretenerse los domingos por la tarde, o echarse a ciegas y sin reflexión en el rio del matrimonio, son otros tantos modos de equivocar el camino hacia la vida conyugal, con riesgo de arruinar toda la vida futura.

En este punto residen bastantes catástrofes matrimoniales, a pesar de que hayan logrado posponerse algún tiempo, escondidas detrás de la festividad de las bodas: fallan, porque se han casado dos inmaduros, aunque a veces basta que sea inmaduro uno solo. No han crecido por dentro. No se han conocido. No se han entregado verdaderamente el uno al otro, y aunque puedan haber ofendido al Señor con intimidades ilícitas, no es esa la entrega verdadera.

Estabilidad

El amor conyugal es un amor fiel y exclusivo hasta la muerte. Así lo conciben el esposo y la esposa el día en que asumen libremente y con plena conciencia el empeño del vínculo matrimonial, pero para llegar a esa madurez, se ha de aprender antes la lección en la escuela del noviazgo. 

Si en esos años previos se cultiva egoístamente una alergia a todo lo que signifique estabilidad, fidelidad a un compromiso, lazo noble, entonces será muy difícil vivir hasta la muerte lo fidelidad conyugal.

Concedamos que el noviazgo reúne un determinado número de características que lo definen e identifican. Un chico y una chica son novios si encarnan todas, o la mayoría, o bastantes de esos caracteres distintivos. Pero no son novio si carecen de alguna señal que sea fundamental, por ejemplo, la edad: nadie toma en serio los noviazgos entre niños de ocho años.

De la misma manera no se puede considerar noviazgo autentico y bueno, el de quien hace cariños -por llamarlos de alguna manera-, o hace pareja con quien guste y cuando le guste. Son aberraciones con el libertino argumento de “todavía no estamos casados”.

Si hay quien rechaza el noviazgo por lo que tiene de estabilidad o de institución exigente de nuevas responsabilidades, rechaza una joya. 

La felicidad del amor humano exige fidelidad, sentido de responsabilidad, aceptación gustosa de las limitaciones que impone el hecho de ser hombres, criaturas de Dios, y mas todavía: hijos de Dios.

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