Con intención o sin ella siempre estamos educando o maleducando a nuestros hijos, desde que amanece hasta que nos vamos a dormir siempre estamos dejando tras de nosotros una estela de lecciones, buenas o malas, que nuestros hijos difícilmente van a olvidar.

Y es que los niños están ávidos de aprendizaje y no dejan pasar nada sin que lo aprendan. Cuando cedemos el paso a otra persona nuestros hijos están aprendiendo a ser amables, cuando los llevamos a la iglesia o cuando oramos con ellos, aprenden a cultivar su fé y a confiar en el Señor. Cuando en casa alguien comete una falta y le perdonamos, nuestros hijos al observarlo conocen la piedad y el perdón y aprenden a hacer lo mismo cuando sea necesario. Cuando cometemos un error y pedimos perdón nuestros hijos descubren el valor del arrepentimiento y la enmienda.

Saber esto implica estar concientes de nuestra responsabilidad como padres, sin embargo, también debemos estar concientes de nuestros errores cuando educamos para mal. ¿Que se  nos sale una mala palabra? ya sabemos donde la aprendieron, ¿Que encendemos un cigarrillo? Ahora podemos esperar que ellos fumen, ¿Que nos ofuscamos y nos asustamos cuando algo no nos gusta? Nuestros hijos saben ya que pueden perder el control y empeorar las cosas, ¿Qué se consume alcohol? Será normal para nuestros hijos.

Casi todos sabemos que los hijos de matrimonios en que existe violencia son personas que tarde o temprano experimentarán la violencia, pero olvidamos que cuando gritamos en casa estamos violentando a la familia.

Todos decimos que la TV  es mala consejera pero ¿Ya aprendimos a  apagar la TV cuando hay un programa ofensivo? Nadie deja entrar a su hogar a una persona armada que dispara a todos lados, pero si encendemos la TV con insultos, agresiones y muerte, es como si lo permitiéramos.

A veces, sin darnos cuenta, estamos dejando entrar a los malos sentimientos a nuestro hogar, no se trata de aislarse del mundo pero tampoco debemos aceptar el mundo de violencia y agresión con el que impera. El gran problema de nuestras familias es que nos acostumbramos a ver como si fuera normal lo que les agrede y les destruye.

Encendemos la TV sin supervisar lo que nuestros hijos ven en ella, ponemos un diario sobre la mesa sin tomar en cuenta que puede haber una influencia nociva para los niños, es cierto que nuestros hijos necesitan conocer lo que pasa en el mundo pero debemos asesorarlos para que vayan formándose un criterio al conocerlo.

Como dijimos antes, en cada cosa que hacemos o que dejamos de hacer estamos formando a nuestros hijos ¿Les estamos dando valores o antivalores? Entonces ya es el momento de actuar, no esperemos hasta que no podamos hacer nada, hasta que no podamos detener la violencia.

Comenzemos a enseñar a nuestros hijos las cosas buenas de la vida, comenzemos por enseñarles a amar, a comprender, a perdonar, a ser mejores. ¿En dónde nuestros hijos aprenden a amar, a perdonar, a ser dignos y a valorarse a si mismos? Solamente en la familia. Empezemos en nuestro hogar, con nuestra esposa, con nuestros hijos. La jungla del todo se vale debe terminarse y aunque lo que hagamos no genere una gran transformación no dejemos de hacerlo porque una pequeña actitud positiva ya genera un cambio que siempre es bien valorado. La armonía no tiene precio, el ser feliz y ver felíz a la gente es realmente maravilloso.

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