sábado, agosto 30, 2025
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El lenguaje olvidado del amor paternal

Se suele decir que no hay padre que no ame a sus hijos. Y es cierto. El amor paterno es tan profundo como el materno, aunque con frecuencia permanece en silencio, escondido detrás de la rutina, del esfuerzo diario, de las cuentas que pagar, de las horas extra que parecen robar la vida pero que en realidad buscan asegurar el futuro de la familia. El padre, en su afán de ser proveedor, olvida que no basta con llevar pan a la mesa: también es necesario dar ternura al corazón.

Muchos padres aman con sacrificio, pero no saben expresar su amor. Creen, equivocadamente, que trabajar duro ya es suficiente para que el hijo entienda cuánto se le quiere. Sin embargo, el alma de un niño, y más aún la de un adolescente, necesita algo que ningún salario puede comprar: la certeza de sentirse amado con palabras, con gestos, con abrazos y miradas.

Un beso en la frente puede ser más nutritivo que un banquete. Un “estoy orgulloso de ti” puede dar más fuerza que una beca universitaria. Un abrazo en el momento de la tristeza puede sostener más que cualquier cuenta de ahorros. El padre está llamado a ser no sólo sostén económico, sino también refugio afectivo y guía espiritual.

Amar a un hijo significa animarlo cuando duda, darle fortaleza cuando se siente débil, empujarlo con suavidad cuando sus pasos flaquean y enderezar con paciencia el camino cuando se desvía. Ningún padre debe delegar esta misión. Los hijos no piden perfección: piden presencia. Y la presencia se traduce en detalles tan simples como escuchar con atención, acompañar en los juegos, mirar a los ojos, o preguntar sinceramente “¿cómo te fue hoy?”.

Este lenguaje del amor —que para muchos padres parece ajeno o poco natural— es en realidad parte esencial de la paternidad. No se trata de que el hombre deje de ser firme o fuerte, sino de que descubra que la ternura también es fortaleza. El hijo que crece con palabras de aliento y gestos de cariño tendrá más seguridad para enfrentar la vida, más confianza en sí mismo y más capacidad para amar a otros.

Padres, no teman amar de manera visible. Sus hijos lo necesitan y lo agradecerán siempre. El dinero se gasta, las cosas se desgastan, pero un abrazo sincero y una palabra de ánimo se graban en el corazón para toda la vida.

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