Educar en el respeto no garantiza hijos perfectos, pero sí forma adultos conscientes de que viven con otros, de que sus actos impactan y de que la dignidad humana —propia y ajena— merece cuidado.
Discriminamos cuando enseñamos a clasificar a las personas por su apariencia, su origen o su condición económica; no discriminamos cuando, con palabras, actitudes y...